EL ESPÍRITU DE LOS TRABAJOS

 

                  La OMCC  mantienen relaciones fraternas con la  mayor parte de otras órdenes Martinistas, pero se distingue por un estado de espíritu y orientación específica. La OMCC piensa por bien, realizar un Martinismo que se podría calificar de Martinismo Tradicional Vivo y que se caracteriza por:

 

Su objetivo: que es el de permitir a los miembros a través de una reflexión y de una experiencia personal y colectiva descubrir el sentido y la finalidad de la búsqueda Iniciática y hacer crecer las aptitudes necesarias al proseguimiento de su búsqueda en otras organizaciones operativas.

                                                               

Su Técnica Iniciática: que consiste en ir  de lo más  complejo a lo más simple, de lo filosófico a lo operativo, de lo especulativo a lo Real, y que se basa en la libertad y en la capacidad de los miembros en inscribirse en un  proceso esencial.

 

Su método de estudio: El Martinismo para permanecer una tradición viva debe, a partir de elementos tradicionales del pasado, priviliegiar  una aproximación teórica y práctica correspondiendo al ámbito conceptual, cultural, humano e iniciático actual.

 

La filosofía del Martinismo posibilita identificar las líneas de fuerza de sus trabajos:

 

La Doctrina Martinista es utilizada como elemento de formación teórica, pero sobretodo como un punto de partida para una reflexión personal. Esta aproximación incita a orientar a los trabajos más sobre una reflexión que algunas  veces recurre a los elementos de otras tradiciones y sobre una integración de la dimensión iniciática de los símbolos que sobre una aproximación doctrinaria “pura y dura”. Los temas de estudio son abordados  desde el punto de vista tradicional general para provocar una reflexión y un cambio personal. Así, el tema  de la “Caída  del Hombre” es un asunto Martinista “clásico”, interesante en la medida en que lejos de las  posiciones doctrinarias adquiridas, puede permitir al miembro  que se interrogue sobre el origen de esta creencia, sobre el valor y la utilidad de los mitos, sobre su relación personal con ese mito particular y, así, que tome consciencia del modelo del mundo en que él vive. La reflexión filosófica necesariamente ligada  a la práctica de ejercicios tradicionales destinados a revitalizar sus concepciones y su relación con el mundo puede permitirle, el tomar consciencia de sus  coerciones, adquirir más flexibilidad.

 

 

Los símbolos su estudio no solamente en su significado filosófico, sino también y sobretodo iniciático,  acompañado, por tanto, de una experiencia de ejercicios tradicionales.

 

La Preparación Iniciática como toda arte es una ascésis (ascésis = purificación); supone una práctica efectiva y regular. Ser Discípulo es aplicar la Disciplina, esto es, la operatividad necesaria al objetivo. Perseverar más allá de sus posibilidades aparentes es muchas veces  necesario para al fin obtener éxito en “mover (agitar) algo en sí” La Vía iniciática no se dirige a aquel que procura el confort y la quietud intelectual y espiritual. El espíritu burgués es la antítesis de la búsqueda iniciática (Emmanuel Mounier define el espíritu burgués como aquel que tiene miedo de perder alguna cosa, sea él pobre o  muy  rico).

     

El Maestro Director para el grupo y cada miembro a título personal, debe ser capaz de elegir actuar prácticamente y, así, retener únicamente lo que ayuda a construir su propia vida.

 

Las Técnicas(prácticas de llamadas a sí, operaciones teúrgicas, ejercicios de desprendimiento místico), igualmente que no tienen valor en sí mismas y que no pasan de artificios, son útiles, aún mismo necesarias, para provocar una ruptura con el mundo fenoménico y despertar el ser hacia dimensiones del espíritu hasta entonces desconocidas. No se debe, entretanto, olvidar que las técnicas sólo tienen un valor para aquel que las experimenta (“La magia sólo vale lo que vale el mago”).

 

Los Poderes Físicos no pueden ser confundidos con la realización interior. No deben ser procurados para sí mismo, sin embargo se manifiestan necesariamente en un momento dado en el camino cuando el desarrollo interior se torna efectivo.  El verdadero buscador, que a más de un  título, es un guerrero, sabrá utilizar técnicas y poderes “físicos” para conquistar la ciudadela del ser, así como él utiliza en la vida corriente sus otras facultades y los diversos dones de la creación para vivir y progresar.

 

Los trabajos teóricos y prácticos   deben ser escogidos en función de un único objetivo: el despertar.  El que no profiere acatamiento directamente a ese objetivo debe ser dejado de lado: intelectualismo desenfrenado, complacencia para con los estados del alma de personalidades débiles, gusto exacerbado por las percepciones extrasensoriales, fijaciones en algunas doctrinas mal comprendidas (ejemplo : la reencarnación), apego malsano a actitudes y  a comportamientos difícilmente compatibles con la búsqueda iniciática . . .

 

La experiencia es necesaria, pero no se trata de multiplicar las prácticas, se trata de practicar efectivamente como  una ascésis lo que es coherente con el objetivo, con el despertar. Las técnicas básicas (División de consciencia, IAO, Meditación a través del signo del Infinito, Letra A) son fundamentales. Para aprehender una imagen, son graduaciones que es preciso repetir incesantemente para obtener la destreza de los verdaderos artistas. Ese conjunto de técnicas tienen por objetivo la presencia a sí mismo, permitiendo particularmente enmudecer el diálogo interior y establecer el poder del silencio. Deben ser  practicadas, bien como por el contrario  los otros ejercicios, como una ascésis (esto es, un ejercicio regular durante un tiempo suficientemente  largo sin procurar adquirir  nada) La regularidad de la  práctica, el mantenimiento  en  el eje central, el verdadero querer son los factores que facilitan el estado de objetividad y que constituyen las cualidades fundamentales del Hombre del Deseo.